Mientras los responsables del Ayuntamiento de Málaga estudian cómo abordar el fuerte crecimiento de los bloques de apartamentos turísticos en la ciudad, su Gerencia Municipal de Urbanismo sigue dando luz verde a nuevos complejos. El consejo de administración del organismo prevé dar cuenta este jueves de los cuatro nuevos proyectos que han obtenido licencia en el mes de abril, que suman un centenar de nuevos alojamientos. Entre ellos, uno que albergará 81 pisos ubicado en la barriada de Carretera de Cádiz, a la espalda de la estación de trenes de alta velocidad. Todos vienen a añadir más de 200 plazas a las cerca de 10.000 que hay ya en la capital malagueña, según los datos del Registro de Turismo de la Junta de Andalucía.
El centro de la ciudad acogerá dos de estas nuevas iniciativas. Es donde se reúne el turismo —es también la zona que alberga más viviendas de uso turístico— y donde todo parece que seguirá concentrándose. Uno está ubicado en el número 38 de la calle Capuchinos, donde hoy queda una de las únicas dos casas construidas a finales del siglo XIX que son testigo del primer trazado de esta vía. “Ese es su principal valor”, destaca Fran Campos, divulgador de patrimonio local, sobre el inmueble que será derruido para construir un edificio de nueve apartamentos turísticos —tres con un dormitorio y seis estudios— con capacidad máxima para 24 personas. Tiene un plazo de 20 meses de obras tras la demolición y será el segundo bloque de estas características en la vía, tras el existente ya en el número 31. A cinco minutos de allí, en el número 4 de calle Regimiento, está en marcha otro proyecto con cuatro apartamentos turísticos y capacidad máxima para 10 plazas, que también tiene ya su licencia concedida, condicionada eso sí al informe pertinente de la delegación de Turismo de la Junta de Andalucía.
La tercera iniciativa aprobada es la construcción para levantar seis apartamentos con 22 plazas en la calle Emilio de la Cerda, en Carretera de Cádiz. Distrito que también acogerá al mayor de estos planes recientes: la edificación de un conjunto de 81 de estos pisos y una veintena de aparcamientos en el número 7 de la calle Paul Dukas, a un paso de la estación de tren de alta velocidad de Málaga. Tendrá también una piscina colectiva en planta cubierta y una capacidad máxima de 162 plazas.
“Se considera el uso hotelero como un uso compatible y/o alternativo del uso residencial”, dice el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) sobre esta finca, allanando el camino. A ellos se suman otros anunciados recientemente, donde destaca el edificio de 23 apartamentos junto a la Plaza del Siglo, a un paso de la principal arteria de la ciudad, la calle Larios, en pleno centro histórico. Está impulsado por Líbere Hospitality Group (LHG) —que tiene tres bloques más en la capital malagueña, con un total de 72 pisos— y la socimi All Iron, que adquirió la propiedad en 2021 por 11,2 millones de euros. “Málaga es una de las ciudades más dinámicas y demandadas”, dijo al anunciar su inauguración, a finales de abril, el director ejecutivo de LHG, Antón de la Rica.
Turistificación corporativa
Estos nuevos edificios vienen a redoblar la apuesta de grandes empresas por los conjuntos de apartamentos, después de que el Ayuntamiento empezara a regular las viviendas de uso turístico (VUT). Primero se prohibieron en barrios saturados y finalmente se estableció una moratoria en toda la ciudad para que no haya nuevas licencias, lo que paró en seco su número: si de 2017 a 2024 se multiplicaron por seis hasta las 13.254 con casi 70.000 plazas, desde ese año hasta 2026 han caído a las 12.736 y casi 65.000 plazas, según los datos de la inteligencia turística de la Costa del Sol. A cambio, los bloques donde todas las viviendas son apartamentos turísticos se han multiplicado un 152% desde 2017, con un acelerón desde 2024. “La turistificación ahora es más corporativa y concentrada”, sostenía Kike España, arquitecto e investigador de estudios urbanos en la Universidad de Málaga, a este periódico hace unos días. “Siempre he señalado que las VUT habían tenido mucho que ver con el proceso de gentrificación y la expulsión de ciudadanos”, añadía Pedro Marín Cots, director del Instituto de Estudios Urbanos y Sociales, quien sostiene que el problema es “la presión turística global” en la ciudad.
El Consistorio malagueño avisó hace unos días, a través de su portavoz, Elisa Pérez de Siles, de que Urbanismo está buscando “fórmulas de control” de este tipo de alojamientos y de cualquier otro que haga que las viviendas tengan uso turístico y no residencial. “Estamos estudiando cuál es la situación real”, aseguró la concejal, sin apuntar medidas o plazos. Mientras, la oposición critica “cómo se consolida un modelo que sustituye viviendas residenciales por alojamientos turísticos, reduciendo drásticamente el parque de alquiler de larga duración y provocando una subida descontrolada de los precios”, según la portavoz adjunta del grupo Con Málaga, Toni Morillas, quien señaló que la capital malagueña “se encuentra en un punto crítico”. “La prioridad institucional parece ser atraer inversión especulativa en lugar de garantizar el derecho a la vivienda de la mayoría social”, añadió. “El señor De la Torre dice que quiere limitar los pisos turísticos, pero permite que edificios enteros se conviertan en hoteles encubiertos. Es un engaño a la ciudadanía”, expresaba también el portavoz del PSOE, Daniel Pérez, a principios de mes.
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